Especialidad de urgencias: respuestas y reflexiones para un debate necesario
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Luis Aguilera. Presidente de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria |
Cuando se habla de urgencias los médicos de familia
sentimos de inmediato que se habla de una parte directa de nuestro desarrollo
profesional. En cierto modo, porque todos nosotros hemos recibido una formación
exhaustiva y hemos participado en la actividad de los servicios de urgencias,
pero además porque muchos de nuestros compañeros de especialidad desarrollan
su trabajo precisamente como médicos de urgencias.
De un tiempo a esta parte venimos mostrando nuestra preocupación por la
evolución que en los últimos años ha experimentado la organización de los
servicios de urgencias. Nos parecen erráticas y sin una orientación definidas
las decisiones adoptadas recientemente por la mayoría de los servicios de salud
autonómicos en la medida en que están complicando de forma innecesaria la
atención que reciben los ciudadanos.
Atravesamos un momento en el que todo parece consistir en disponer de
servicios hospitalarios de urgencias magnificados, en los que se atiende a
pacientes que presentan una auténtica urgencia, pero que en demasiadas
ocasiones también se convierten en lugares de peregrinación para pacientes que
padecen un problema que no han conseguido resolver por esperas prolongadas o por
inaccesibilidad a medios diagnósticos en otros ámbitos del sistema sanitario.
Y todo esto está sucediendo sin que exista una reflexión real sobre cuál
debe ser el modelo de atención a las urgencias.
La reciente polémica que ha suscitado la posible creación de una
especialidad de urgencias y emergencias ha generado un debate que de manera
abierta y respetuosa nos va a permitir fijar posiciones y exponer nuestra opinión
desde el marco de la reflexión global de nuestro sistema sanitario. Intentaré
dar respuestas a las cuestiones sobre las que parece articularse este debate.
¿Todas las consultas de urgencias necesitan una intervención
especializada?
La atención a urgencias es un nivel de asistencia esencial en un sistema
sanitario moderno y debe garantizar una atención de calidad y una continuidad
en los cuidados que reciben los pacientes, para lo cual es preciso mejorar las
condiciones en las que dicha labor se desarrolla hoy.
La información recogida en el barómetro sanitario del año 2004 pone de
relieve que casi un 30 por ciento de la población utilizó un servicio de
urgencias con la siguiente distribución: un 45 por ciento en atención primaria
y un 55 por ciento en las urgencias hospitalarias. Entre los que asistieron al
hospital, el 77 por ciento lo hizo por iniciativa propia, sin ser derivado por
ningún médico; de éstos, sólo entre un diez o un quince por ciento requirió
un ingreso en el hospital.
Un análisis somero de estos datos permite concluir que cerca del 95 por
ciento de las urgencias atendidas a diario no comprometen la vida de los
enfermos, no requerirán un ingreso en el hospital y en cambio sí necesitarán
una atención continuada por parte del médico de familia. En un pequeño
porcentaje necesitarán un soporte altamente cualificado -en una situación de
elevada tensión y eficacia- por estar en peligro la vida del paciente.
¿Son adecuados los flujos actuales de pacientes hacia
urgencias?
En los últimos años asistimos a una política de expansión de
los servicios de urgencias de los hospitales. Se toman decisiones políticas
encaminadas a ampliar los metros cuadrados de los servicios de hospitales y se
anuncia a la población una capacidad infinita de estos centros para atender
situaciones de urgencia.
Al mismo tiempo no se decide con claridad cuál debe ser el papel de los
médicos de familia en la atención continuada y la atención en las urgencias
de atención primaria. El resultado es la asistencia de un flujo creciente de
población que acude a los hospitales para ser atendidos por procesos banales,
lo que supone una mala gestión de los recursos sanitarios, un riesgo aumentado
de yatrogenia y un incremento artificial de una de las estructuras del sistema
sanitario.
¿Cuáles son las demandas de los ciudadanos sobre la
atención que reciben en urgencias?
Las encuestas indican que el ciudadano desea que sean mejoradas
las condiciones en las que es atendido, y fundamentalmente expresa quejas
relacionadas con los tiempos de espera en los servicios de urgencias. Sin
embargo, se muestra, en general, satisfecho con la calidad científica de la
atención recibida. En definitiva, la población no percibe deficiencias en la
formación del profesional que le atiende; al contrario, se muestran confiados
de la atención que van a recibir.
¿Cuáles serán las necesidades de atención urgente en
los próximos años?
En procesos urgentes es necesario garantizar una respuesta inmediata y eficaz a
los problemas con una continuidad en los cuidados tanto para los que reciban
dicho seguimiento en los centros de salud como para los que ingresen en el
hospital. Pero además asistimos a la progresiva creación de unidades
especializadas (unidades de coronarias, unidades de ictus, unidades de
quemados), que se suman a la expansión de las unidades de cuidados intensivos y
a la creciente presencia de diferentes especialistas para atender urgencias en
los hospitales.
Por todo ello, en la selección de un perfil profesional que atienda los
servicios de urgencias no puede pasarse por alto su capacidad para responder al
problema con una visión integral.
¿Tenemos que considerar la atención urgente como una
especialidad?
Siguiendo los criterios de la Comisión Nacional de la especialidad,
hay un acuerdo generalizado que indica que para considerar un área de la
medicina como una especialidad deben coincidir cuatro conceptos: un campo de
actuación diferenciado, un cuerpo de conocimiento propio, un paradigma de
actuación y una orientación específica.
Si analizamos la medicina de urgencias a la luz de estas premisas,
comprobamos que la atención a las urgencias está presente en todos los campos
de actuación de las especialidades médicas y de los diferentes niveles
asistenciales.
Es decir, que está presente en la atención primaria, en las urgencias
que se atienden en los hospitales -tanto en la puerta como en las plantas de
hospitalización-, en las emergencias y en las diferentes especialidades.
En definitiva, que su cuerpo de conocimientos no es exclusivo, sino
transversal, y que consta de un paradigma de actuación pero que es compartido
con otras especialidades. Por tanto, para la atención de las urgencias el papel
de los profesionales ha de ser garantizar la continuidad con el resto de
especialidades y niveles del sistema sanitario, asegurando una asistencia de
calidad a los pacientes y delimitando el campo de actuación.
¿Crear una especialidad de urgencias y emergencias mejoraría
la atención que da nuestro sistema sanitario?
La respuesta es no. No mejoraría la atención global que reciben los
ciudadanos. Más bien al contrario: acentuaría algunos de los problemas
actuales y, sobre todo, haría retroceder en las mejoras alcanzadas en los últimos
años.
Se perderían los avances en la continuidad de cuidados, volveríamos a
prestar la atención a la enfermedad y no al enfermo, y las urgencias se
consolidarían como otra de las puertas de acceso al sistema sanitario que
ofrece soluciones ultrarrápidas a cualquier tipo de problema,
independientemente de su gravedad y en cualquier momento, fragmentando la atención
que reciben los pacientes.
En definitiva, tendríamos un sistema sanitario menos eficiente en la
gestión de los recursos, al crear niveles asistenciales más costosos para
resolver problemas de salud que pueden y deben ser resueltos por otros más
adecuados.
A buen seguro que se pueden esgrimir más argumentos a favor o en contra
de la creación de esta especialidad. Desde luego, no es nuestro objetivo avivar
el enfrentamiento con un colectivo de médicos con los que compartimos
satisfacciones y penalidades diarias, y hacia los que sentimos un profundo
respeto y admiración profesional.
Sin embargo, nos parece necesario tomar parte en este debate que, más
allá de la creación de una especialidad, concierne al diseño del modelo
organizativo de nuestro sistema sanitario.
Creemos que es preciso alcanzar una posición de consenso y con ese
objetivo seguiremos exponiendo cuál es nuestro punto de vista.
FUENTE: DIARIOMEDICO.COM