| Luis Jiménez Murillo. Presidente de la Sociedad
Española de Medicina de Urgencias y Emergencias |
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Reflexiones
y respuestas a la necesidad de una especialidad en urgencias
16-7-05
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El autor justifica y explica la
necesidad de crear la especialidad en Medicina de Urgencias y
Emergencias respondiendo a las mismas preguntas que el presidente de la
Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, Luis Aguilera, se
hizo para argumentar los problemas que conllevaría su existencia.
Es curioso observar cómo la atención urgente, que hasta hace
muy poco tiempo era la gran olvidada de nuestro sistema sanitario, es
ahora el "santo grial" que todo el mundo quiere poseer. Y
también es curioso y lamentable que el deseo por mejorar la asistencia
en las urgencias y emergencias se produzca cuando un colectivo de
profesionales siente que sus expectativas laborales pueden verse
mermadas, posiblemente porque no tienen cabida profesional en el campo
asistencial para el que fueron formados.
El desarrollo de la atención urgente en España ha sido posible
gracias al esfuerzo y dedicación de una serie de profesionales que
creyeron desde el principio en la importancia que este tipo de
asistencia tiene tanto para el ciudadano como para los servicios de
salud.
Estos profesionales, en su mayoría médicos generalistas,
constituyeron los servicios de urgencias en un momento en el que la
atención urgente era un terreno de nadie, olvidada por la propia
Administración sanitaria, e incluso mucho antes de la creación de la
especialidad en Medicina Familiar y Comunitaria.
Fue a partir del informe del Defensor del Pueblo en 1988, en el
que se detectaron enormes deficiencias de recursos estructurales y
humanos de estos servicios, cuando la Administración sanitaria tomó
conciencia de un problema, hasta entonces oculto.
Esta circunstancia propició una progresiva estructuración y
creación de los servicios de urgencias con la incorporación de nuevos
profesionales, originando unas expectativas laborales para diversos
especialistas que utilizaban los servicios como una salida laboral
transitoria hasta la obtención de una plaza en su especialidad. De esta
manera se pasó de una tierra de nadie a una tierra de todos.
En el año 2000 se publicó en el Boletín Oficial del Estado (BOE)
un real decreto por el que se crea la categoría profesional de médicos
de urgencias hospitalarias. En él se especifican las funciones de los médicos
y la necesidad de definir un perfil profesional específico, entendiendo
que no existe ninguna especialidad que aborde la asistencia urgente de
una manera integral.
Los servicios de urgencias han ido dimensionándose en función
de la demanda asistencial, en gran parte motivada por el inadecuado
funcionamiento de la atención primaria, que no da respuesta
satisfactoria a los ciudadanos; circunstancia cuya solución sí debería
ser un objetivo prioritario de la Sociedad Española de Medicina
Familiar y Comunitaria (Semfyc) en lugar de invadir un nivel asistencial
diferente como es la atención urgente.
Los urgenciólogos hablamos desde la experiencia de lo que
hacemos -la atención urgente-; los demás opinan de lo que hacen otros.
Tras estas reflexiones conviene dar respuesta a las preguntas que
se plantean en la tribuna titulada Especialidad de urgencias: respuestas
y reflexiones para un debate necesario, firmada por el presidente de
Semfyc, Luis Aguilera.
¿Todas las consultas de urgencias necesitan una
atención especializada?
Efectivamente, la atención a urgencias es un nivel de
asistencia esencial en un sistema sanitario moderno y debe garantizar
una atención de calidad, prestada por profesionales que específicamente
y a tiempo completo aborden de una manera integral al paciente, de tal
forma que puedan dar una respuesta inicial a cualquier quebrantamiento
brusco de su salud. La continuidad en los cuidados, de ser necesaria,
recaerá en otros especialistas hospitalarios, de ingresar al paciente,
o de atención primaria en caso contrario.
La asistencia urgente especializada, y por tanto de calidad, no
está determinada por la forma en la que el paciente demanda nuestros
servicios (a iniciativa propia o remitido por otro médico) sino por la
complejidad de los conocimientos que el urgenciólogo debe tener para
realizar un correcta atención y, que en el caso de las urgencias, no
está contemplada íntegramente en ningún programa formativo.
¿Son adecuados los flujos actuales de pacientes
hacia urgencias?
El paciente acude donde percibe que su problema de salud es
atendido con mayor eficacia y calidad. El hecho de que confíe más en
un servicio de urgencias que en su centro de salud debe ser objeto de
reflexión y de análisis para la Semfyc.
La Administración sanitaria potencia la voluntariedad en la
decisión del paciente sobre el lugar donde debe recibir asistencia, lo
que explica el progresivo crecimiento de los servicios de urgencias,
cuyos profesionales estamos obligados a dar respuesta a esta demanda.
¿Cuáles son las demandas de los ciudadanos sobre
la atención que reciben en urgencias?
A pesar de las quejas de los ciudadanos sobre los largos tiempos
de espera que tienen que soportar -consecuencia de la sobresaturación
de muchos servicios de urgencias-, están satisfechos con la calidad
científico-técnica de la atención que reciben, si bien desconocen que
esta calidad se ha obtenido gracias a la autoformación de los
profesionales, que en muchos casos ha requerido la inversión de su
tiempo y de su dinero.
Precisamente la creación de la especialidad en Medicina de
Urgencias y Emergencias garantizaría la mejora de la atención urgente
de una forma uniforme, reglada, institucionalmente avalada y desde el
mismo momento de la incorporación del profesional a su puesto de
trabajo. Es decir, tal y como ocurre con el resto de las especialidades,
en un futuro próximo ningún médico debe realizar actividad
asistencial no tutorizada en un servicio de urgencias sin haber obtenido
previamente la cualificación necesaria. Ésta en España se obtiene a
través de la especialización vía MIR.
¿Tenemos que considerar la atención urgente como
una especialidad?
Según la normativa europea, para la creación de una
especialidad tienen que concurrir tres premisas: existencia de un cuerpo
doctrinal propio no contemplado de manera íntegra en ningún otro
programa formativo, demanda asistencial específica (34 millones en
2004) y la existencia de un conjunto de profesionales que se dediquen íntegramente
a realizar una determinada actividad (hecho ampliamente conocido).
La medicina de urgencias y emergencias tiene un cuerpo doctrinal
específico, que no exclusivo, que no se contempla de manera íntegra en
ninguna otra especialidad. Para ello sólo tenemos que remitirnos a los
programas formativos de las distintas especialidades existentes en España,
hecho que corroboran incluso los que apuestan -como la Semfyc-, por un
área de capacitación específica. No existe ninguna especialidad que
no comparta áreas de conocimiento con otras, por lo que esta
circunstancia no es una razón para argumentar que la medicina de
urgencias no tiene cuerpo doctrinal propio.
¿Crear una especialidad de urgencias y emergencias
mejoraría la atención que da nuestro sistema sanitario?
La respuesta es sí. Contar con profesionales adecuadamente
formados desde un primer momento, que optan por la especialidad por
vocación, con dedicación a tiempo completo a este nivel asistencial
específico, dedicados a la investigación y docencia en ese campo de la
medicina, supondrá un extraordinario avance en la atención urgente que
reciben nuestros ciudadanos.
Un sistema de salud público moderno no debe prescindir de la
formación de profesionales, cuya actuación repercute directamente en
la salud de millones de ciudadanos.
Además, la creación de la especialidad supondrá la regulación
de esta actividad, con un ahorro económico importante al eliminar los
costes de no calidad, estimados en un 80 por ciento de los costes
totales.
Afortunadamente la opinión de Semfyc no es la opinión
generalizada de la atención primaria de nuestro país, como refleja el
apoyo que, para la creación de la especialidad en Medicina de Urgencias
y Emergencias, hemos recibido de la Sociedad Española de Medicina Rural
y Generalista (Semergen) y de la Sociedad Española de Medicina General
(SEMG), ambas con una amplitud de criterios y objetividad claros de lo
que es la mejora de la calidad del sistema de salud público español.
FUENTE: DIARIOMEDICO.COM
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